
Una bola de ramas enmarañadas rodaba arrítmicamente por el suelo arenoso. El viento soplaba y se colaba entre las aristas rocosas de la entrada a una cueva, dando lugar a un sonido estridente similar a un aullido fantasmal. El sol lucía en lo alto, rojo e inflado. Otro sol lucía cerca de la línea del horizonte, blanquecino y algo menos inflado. El calor era muy intenso, y la visión de los cactus venenosos a los lejos se empañaba por las ondas de altas temperaturas. El único sonido en millas a la redonda era el del mortecino quejido del viento, y las patas de un milpiés adentrándose en un agujero en las rocas.
Por supuesto ninguno de estos elementos incomodaba a Cliffor Vanderhudden. Tampoco a los nueve ladrones armados y con la piel curtida por cientos de tormentas de arena que acababan de descubrirle escapando con el botín de varias semanas de saqueos. Todos le apuntaban con sus revólveres. Lo que realmente molestaba a Cliffor Vanderhudden era que el líquido altamente enriquecido en aceite de nikotimia de su cigarrillo electrónico se había terminado. Con un movimiento fugaz levantó su poncho, lo que provocó que los ladrones se pusieran en guardia. Y, sin apartar la mirada del grupo que lo apuntaba, con movimientos serenos abrió su bolsa y sacó un pequeño frasco con un líquido. Desenroscó el filtro de su cigarrillo, y lo llenó con el líquido. Volvió a enroscarlo y se bajó el poncho, lo que volvió a alarmar a los ladrones. Una pequeña nube de humo tapó su rostro dejando solo a la vista sus ojos, clavados fijamente en los 9. Bajó lentamente los brazos, acercándolos a las fundas de sus revólveres. Una lluvia de disparos se avecinaba.
Javi se materializó con un grito de horror. La sensación de ser desintegrado no le había gustado nada, pero la de volver a materializarse le pareció aún peor. Temía que las diferentes partes de su cuerpo se hubieran equivocado de lugar al volver a reagruparse así que empezó a tocarse el cuerpo frenéticamente mientras rodaba por el suelo y gritaba. Al rato, tras cerciorarse de que todo estaba en su sitio se incorporó sobre su trasero. Lo que parecía un mono tití con cuernos y varios brazos yacía aplastado entre sus piernas. A su lado estaba Murflur tumbado en el suelo, mirando de un lado a otro con los ojos muy abiertos. El viento soplaba y hacía que los ojos se le llenaran de arena. Dos soles lucían en el cielo. A un lado nueve sujetos con aspecto de haber salido de una película de spaghetti western les apuntaban con extraños revólveres, al otro, un hombre de rostro estoico fumaba un cigarrillo. También les apuntaba con su revolver.
- Eeeeeh, hola?- dijo Murflur con poca convicción.
- Se puede saber de dónde habéis salido vosotros?- interrogó uno de los nueve, particularmente desagradable y sucio, con un parche en el ojo y varios dientes de metal.
- …-acertó a decir Javi balbuceando.
- Somos Murflur de Strazza- Terra y Javi de la Tierra. El ser que está aplastado no le conozco de nada. Tú, Javi?
- Ehhh, no, no tengo el placer…
- Pues no, definitivamente no le conocemos.- Murlfur sonrió al grupo desde el suelo y se atragantó con arena.
- Y como habéis hecho para aparecer en la puerta de nuestra cueva?- esta vez hablaba el más gordo de los ladrones. Tenía una barba pelirroja rala y una enorme nariz gorda y roja como un pimiento terrícola. Apuntó en la cabeza de Murflur con su revólver.- Habla forastero o te meto una bala en lo sesos!
Cliffor Vanderhudden entonces apuntó con una de sus armas al gordo de enorme nariz mientras expulsaba humo. La mitad del grupo pasó a apuntar al fumador.
- Vamos, Vanderhudden, eres uno de los mejores pistoleros que conozco, pero no podrías hacernos frente a los 9. Pretendes ahora ser caritativo, y salvar a estos miserables?- dijo el más limpio, atractivo y odioso del grupo, tenía un bigotito de lo más chic.
- Podrían ser de utilidad- dijo Cliffor apenas moviendo los labios.
- Puedes tener razón.- dijo uno lenguaraz, bajito, pecoso, bizco y con gafas de cristales agrietados. Lucía un sombrero de copa decorado con varios agujeros de bala.- Sin embargo ya no serán de utilidad para ti. Tira tus armas sino quieres morir ahora mismo.- Nueve revólveres le apuntaron.
Hubo un momento de silencio. Más bolas de ramas enmarañadas rodaron al son del viento. Cliff expulsó humo y permaneció con el rostro imperturbable. Entonces desabrochó su cinturón con las armas, y lo dejó caer al suelo levantando una pequeña nube de polvo. Javi sintió un golpe seco en la nuca, y un perfecto fundido en negro con Ennio Morricone de fondo cerró lo que consideró una gran escena.
Cuando Javi despertó solo alcanzaba a ver un montón de formas borrosas a su alrededor que reían como hienas dándose un buen festín de sabrosa carroña. Intentó moverse pero tenía atadas las manos y los pies.
- No, definitivamente prefiero las mías. No te quejes forastero al menos te dejo algo…- volvieron a oírse a la hienas celebrar su banquete.
El que hablaba le quitó algo de la cara que no alcanzaba a ver y luego le puso otra cosa. Recuperó la visión. Eran sus gafas. Enfrente de él estaba el pequeño lenguaraz con sus pecas, sus ojos bizcos y sus gafas de cristales agrietados. Alrededor se encontraban los otros ocho, apestando a whiskey fermentado. El ladrón odioso y limpio del bigotito encerado, llevaba la ropa de Murflur y se miraba de con orgullo en la culata de su revolver. En ese preciso momento es cuando Javi se dio cuenta de que el pecoso lucía su ropa, y a él le habían vestido con sus ropas. El sombrero de copa agujereado coronaba la mofa de los ladrones hacia su persona.
- Tienes suerte de que aún no hayamos cenado, rata, después hablaremos sobre vuestra aparición.- dijo con tono etílico el del parche, mostrando una sonrisa metálica. Después procedió a bajarle el sombrero tapándole la cara. De nuevo las hienas aullaron, y poco a poco cesó el alboroto.
A través de los agujeros del sombrero, podía ver a Murflur inconsciente, vestido con las ropas del ladrón de bigotito odioso. Le habían pintado un bigote con un tizón. Al otro lado pudo observar como Cliffor Vanderhudden yacía entre una nube de humo de nikotimia. Habían fumado todos sus cartuchos.
- Eso probablemente le va a cabrear- pensó Javi, y aguardó a que de alguna manera Cliffor se liberara y les salvara a todos.
Si hubiera sido un Ralentizado Etéreo no le hubiera importado esperar un par de años a que esto sucediera, pero a las dos horas acabó por perder la paciencia y su moral se estrelló contra el suelo de la cueva. Empezó a recordar que la última vez que las cosas estuvieron en su sitio había estado leyendo en su cama por sexta vez Watchmen, y que se sentía más en casa que nunca. Entonces se despertó con un tipo pelirrojo exactamente igual que Mich Buchanan y que procedía de otro planeta, y desde entonces todo había sido muy confuso. Por primera vez había visto una nave espacial, que para nada era como él se habría imaginado una tecnología capaz de realizar un viaje de miles de años luz en una fracción de segundo. El piloto de la nave era un ser particularmente desagradable que disfrutaba metiéndose con él, y tras una discusión les había llevado al lado de un planeta de otra galaxia que acabaría siendo destruido junto con ellos, como resultado de un deporte interplanetario! Y ahora acababa de aparecer en quien sabe qué planeta que parecía sacado de una película de spaghetti western. Pero lo que más le fastidiaba, lo que más le irritaba, era que en realidad no tenía ni la menor idea de cual era la razón de que una persona como él estuviera allí. Javi suspiró, lo que provocó que se le empañaran las gafas.
Alguien le levantó el sombrero. Cuando sus gafas se desempañaron, vio que allí seguían Murflur y Vanderhudden inconscientes. Miró hacia los lados, y se cercioró de que no había nadie en la parte de la cueva donde se hallaban. Una cabecita se asomó desde lo alto del sombrero de Javi, era peluda y de grandes ojos. Javi gritó y el extraño ser le tapó la boca con uno de sus cuatro brazos. Le hizo un signo para que se callase. Era el ser parecido a un mono tití que creía haber matado, lo que le alegró. Empezó a mordisquear sus ataduras con gracia.
- Eeeh…me alegro mucho de no haber acabado con tu vida de forma horrible sabes?...- el tití pareció ignorar lo que decía-… me llamó Javi…- el ser insisitió en ignorarle- eeeh gracias por liberarme.
- Gordito, porqué no te callas y empiezas a hacer algo productivo? Desata a ese tío antes de que esos tipos empiecen a buscar piezas de auruminium en tu estómago.- la voz reverberó con ecos familiares en el cráneo de Javi.
- …Neagari?- el extraño primate saltó y se colgó de la cabeza del terrícola, agarrándole con sus manitas por las orejas.
- Me ha costado mucho teletransportarnos aquí, y aún más abandonar mi bonito cuerpo original como para permitir que mi esfuerzo se desperdicie mientras acaban con vosotros una banda de borrachos malolientes de acuerdo?
- Puedes cambiar de cuerpo?- dijo Javi con las cejas tocando casi el comienzo de su pelo.
- Sabes hacer algo más aparte de preguntar?- tras un salto acrobático Neagari intentaba despertar a Murflur a tortas, parecía que lo iba a conseguir.- Vamos libera a este aspirante a ser inteligente.- señaló a Cliffor Vanderhudden.
- Sabía que sí conocíais a este ser- la voz susurrante y quebrada sonó como salida de una pozo profundo. El extraño de rostro imperturbable aun mantenía los ojos cerrados.
- Vaya por fin despiertas!- dijo Javi con tono sarcástico, aún molesto por la ruptura de su guión imaginario por parte de su protagonista.
- En ningún momento estuve inconsciente.- dijo frunciendo el ceño mientras miraba su inservible cigarrillo electrónico.
- Que rápido has venido Neagari…- dijo Murflur en voz baja mientras bostezaba y se frotaba los ojos.- Parece ser que ya estamos todos liberados. Bien, será mejor que salgamos de aquí cuanto antes. Tú debes saber como salir de aquí verdad?
Cliffor Vanderhudden ya les había dejado atrás, así que el extraño grupo se apresuró a seguir el olor a nikotimia.
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